Sueño con una ciudad de muertos, de tráfico de almas, con filas de hombres rotos con la cola entre las piernas y las manos heridas de tanto arrastrase.
Aquí no hay más que, periodicos viejos, antesalas desoladas, tramites burocraticos dejados al olvido, anxianos perdidos en sus calles frías, pero de ese frío húmedo que da asco.
Silenciosa, así es ésta ciudad a la que viajo cada noche, silenciosa como la nostalgiande una perdida profunda. El cielo negro y sin estrellas se ofrece a la cuidad como una enorme boca sedienta de silencio, donde en cada inhalación se te mete la desesperanza.
Cada noche viajo a esta ciudad, a esta aduana de olvidados y su gente pide por mí, se arrodillan y suplican para pasar a un lugar que ni conocen, por un sello a lo desconocido, por un cambio en un un sistema inexistente. Te miran con tristeza, con ese humo que les nubla los ojos como dos peceras de cristal rellenas de vapor. Son ellos los hueefanos que ofrendan soledad a cambio de incertidumbre porque al menos la incertidumbre es algo más que estar aqui, haciéndose polvo
Unos pasan, otros no... Quizás a falta de una firma, una foto, o un talón de pago extraviado, a veces por nada en lo absoluto, tienen todos sus papeles pero igual no pasan.
No queda mas que verlos tragarse la tristeza y decirles "buenas noches, mejor suerte a la próxima"
Es así todas las noches, siempre lo mismo, siempre en el mismo lugar siempre con el mismo destino, voy y vengo, trabajo y tramito, sabiendo de antemano que aunque hoy soy el agente, mañana seré el extraviado

